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Solo hecho de alzar la voz a un superior no configura despido por falta grave

26 de Julio de 2018 | Noticia
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Se produce el faltamiento de palabra verbal, cuando se utilizan expresiones insultantes, humillantes o que hieren la dignidad del empleador, de sus representantes o de otros trabajadores, lo que constituye falta grave y por tanto causal de despido. Así lo ha establecido la Corte Suprema en la Casación Nº 2016-2014-Lima.

En el caso en mención, una trabajadora demanda la nulidad de su despido y exige la inmediata reposición a su centro de labores, alegando haber sido despedida arbitrariamente por una supuesta comisión de falta grave y atribuyendo que su empleadora lo ha realizado motivado por su situación de embarazo.

Por otro lado, la empleadora ante la decisión de las instancias de mérito de declarar fundada la demanda de reposición de la trabajadora, interpone recurso de casación alegando una incorrecta interpretación normativa de los artículos 15,19 y 31 del Decreto Supremo Nº 003-97-TR; además de ello justifica la causal de despido en la comisión de falta grave alegando que la recurrente alzó la voz de forma irrespetuosa a un superior, hecho que se verifica en una denuncia policial.

Al respecto, la Corte Suprema señala que el solo hecho de elevar el tono de voz sin proferir ningún insulto o faltamiento de palabra no puede considerarse como falta grave causal de despido, sino, como una falta de menor intensidad la cual debe acarrear una sanción de suspensión. Asimismo, la Sala Suprema definió el faltamiento de palabra como aquella expresión insultante, difamatoria o calumniosa por parte del trabajador que puede materializarse en forma verbal o escrita, es decir, expresiones, sonidos, gestos, por carta, entre otros, que produzcan la falta de consideración y respeto al empleador, a sus representantes, al personal jerárquico, y a otros trabajadores, además, precisó que la ofensa verbal implica insultar, humillar, herir la dignidad, o poner en evidencia con palabras al empleador, a los que lo representan o a otros trabajadores.

Así, el Tribunal Supremo pudo constatar que la demandante sí alzó la voz, sin embargo, no se ha probado que haya utilizado expresiones insultantes, humillantes y otros que configuren la falta grave; por lo tanto declara infundado el recurso de casación interpuesto por la empleadora.

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